SEXO Y COMPARTIR COCHE. LO QUE ME PASÓ CAMINO A MADRID

Relato de cruising gay sobre el sexo y compartir coche.

A principio del verano pasado decidí salir de Sevilla para irme al Orgullo Gay de Madrid para pasar un fin de semana de fiesta, ligar con los chicos guapos que seguro me iba a encontrar por la calle y los bares y tener cuantas más experiencias sexuales mejor.

Tenía reservada una pensión en el centro de Madrid pero aún no tenía el modo de viajar hasta allí, pues los billetes del Ave eran carísimos, el autobús no lo soporto y no me apetecía conducir en coche, así que me metí en Blablacar para comprar un viaje compartido.

Para ese fin de semana habían unas 6 ofertas de viajes y aunque 4 de ellas tenían un precio muy razonable acabé decidiéndome por Antonio, un chico de 44 años que aunque cobraba un poco más que el resto era sin duda el más guapo de todos.

Era viernes por la tarde y pasó a recogerme por casa puntual como un reloj.

Antonio bajó de su coche negro con un traje gris y una sonrisa con unos dientes más blancos que la pared.

Hola, ¿preparado para el viaje? me dijo nada más verme.

Claro, dije yo.

¿Subes al coche?

Antonio era un comercial de Madrid que había estado dos días en Sevilla por cuestiones de trabajo y volvía a casa.

Era muy guapo y morboso, con una barba negra muy densa, el pelo muy corto y un tono de piel muy moreno. Se notaba que iba al gimnasio porque estaba fibradito.

A pesar de que tenía el anillo de casado en su mano derecha, tenía mis dudas que fuera 100% hetero y además reunía dos de los requisitos que más morbo me dan en este mundo: los casados y los trajeados.

Llevábamos hora y media de viaje y Antonio me contaba pequeñas cosas sobre su vida. Se le notaba muy hablador y además era super simpático y abierto.

Mientras me hablaba yo no podía evitar echar miradas hacia su paquete. El pantalón de su traje de tela fina marcaba perfectamente la silueta de su bulto.

Gracias a mis gafas de sol podía recrearme mirándolo sin que él se diera cuenta.

Lo que yo sí que no podía ocultar era la erección que empezaba a tener a base de echar ojeadas a su entrepierna una y otra vez así que para distraerme pillé el móvil y abrí una de las tantas aplicaciones gay que tengo en el teléfono.

sexo y compartir coche

 

A los pocos segundos de abrirla me saltaron varios mensajes.

Vaya… ese sonido me suena, dijo Antonio.

¿Cómo? le dije yo

Que reconozco perfectamente ese sonido cuando te llegan mensajes… yo también uso esa aplicación de móvil para ligar muy de vez en cuando.

Pensaba que estabas casado….

Sí, lo estoy, pero para soportar la vida de casado, las comidas con los suegros los fines de semana y la vida de hetero a veces necesito diversión y sentirme bien.

Estuvimos un rato callados y le dije:

¿No tienes calor con el traje y la corbata puesta? Estamos a más de 35 grados….

¿Es que quieres quitarme el traje?

No, lo que quiero es dejártelo puesto y sentarme sobre tu polla...

Joder… me parece muy buena idea.

Antonio cogío la siguiente salida de la autovía y siguió unos cuantos metros por una carretera hasta que encontramos un camino discreto con vegetación a ambos lados.

Paró el coche, echó su respaldo hacia atrás y empecé a bajarle la cremallera del pantalón.

A través de ella asomaba su capullo humedecido y empecé a lamerlo con la punta de la lengua. Cuando ya se le había puesto casi dura se la saqué completamente fuera y me la metí entera en la boca mientras él gemía de placer.

La punta de su corbata me rozaba la cara mientras yo se la mamaba cada vez más fuerte.

Al rato me quité el pantalón corto y la camiseta, le puse un condón y poniéndome de cuclillas frente a él empecé a meterme su rabo por el culo mientras él seguía con la camisa puesta y los pantalones bajados hasta los pies.

En vez de ser yo el que se movía era él el que empujaba cada vez con más fuerza su polla dentro de mi culo mientras los dos gemíamos de gusto casi al mismo tiempo y yo le tiraba de la corbata con fuerza por lo excitado que me encontraba.

Podía sentir como el grosor de su rabo llenaba completamente mi agujero y como sus huevos golpeaban contra la raja de mi culo haciendo un ruido rítmico.

De repente me dio la sensación de que quería correrse así que me levanté, le quité el condón y empecé a pajearlo fuertemente hasta que toda su leche salío disparada desde su polla directamente a mi boca.

Ufff que morbazo tienes chaval, me dijo.

Gracias, lo he pasado genial.

Nos vestimos y continuamos el viaje casi dos horas más hablando de morbos y guarradas que nos gusta hacer a cada uno en el sexo hasta que finalmente llegamos al centro de Madrid.

Espero que volvamos a coincidir algún día. Pásatelo muy gay, dijo Antonio.

No te quepa la menor duda, le dije yo con total certeza.

Me bajé del coche, llegué a la pensión y lo primero que hice fue pajearme otra vez pensando en el machito de Antonio y su traje de comercial.

Un comentario
  1. Antonio