EL RECEPCIONISTA DEL HOTEL

Un fin de semana mi mujer y yo decidimos escaparnos a Roma para salir un poco de la rutina y visitar esta ciudad en la que nunca habíamos estado antes.

Nos alojábamos en un hotel muy modesto pero a pocos pasos de las principales atracciones y monumentos de la ciudad. La verdad es que el hotel era muy básico pero tenía todo lo necesario para estar cómodos, pero lo que más me llamó la atención sobre este lugar fue el chico de recepción en turno de noche.

Ya el primer día me fijé en él una noche que bajé a la máquina de refrescos a por una botella de agua. Era moreno de piel, pelo negro, con barba de 3 o 4 días, fibrado y con un culo redondo y perfecto que se marcaba bien a través del pantalón de tela negra que llevaba.
He de decir que soy bisexual, aunque mi mujer no sabe nada de esto, pues no tiene una mentalidad lo suficientemente abierta como para poder aceptarlo y siempre he sabido que el decírselo sólo traería problemas.

La última noche en el hotel fue una mezcla del cielo y el infierno y ahora sabréis por qué.
Eran las tres de la mañana y dormíamos, pero de repente unos gritos muy fuertes nos despertaron a ambos. Salí al pasillo y vi a un grupo de chinos que acababa de llegar y que no hacían más que hablar muy alto a pesar de las horas que eran. Evidentemente no les importaba en absoluto el descanso de los demás.

Cuando ya se fue cada uno a su habitación volví a la cama, pero era tal el cabreo que tenía encima que no pude volver a dormirme. Mi mujer a mi lado dormía de nuevo como si nada pero yo no podía conciliar el sueño, así que bajé a la calle a fumarme un cigarro a ver si me calmaba. Cuando entré de nuevo allí estaba él, detrás del mostrador de recepción,

Buenas noches, me dijo en italiano.

Good evening le contesté en inglés porque no hablo italiano.

¿Todo bien caballero?

Bueno, regular le dije yo. El grupo de chinos me ha despertado y no puedo dormir.

Siento mucho las molestias. Van a hacer noche hoy y mañana temprano se van.

¿Las noches son demasiado tranquilas verdad?

Sí, hay muy poco que hacer y las horas pasan demasiado despacio.

Decidí sentarme en las butacas que hay frente al mostrador antes de subir a la habitación. El se puso a mirar algo en el ordenador. Yo llevaba un pantalón muy corto de correr sin gallumbos debajo así que que subí la pierna derecha sobre la butaca apoyando el pie sobre la misma con el único objetivo de que la punta de mi rabo asomara por el mismo.

El tío me ponía mucho y mi polla empezaba a crecer más siendo cada vez más visible. Noté como de reojo me miraba el paquete cada vez con más frecuencia hasta que yo empecé a tocarme la punta del rabo muy suavemente con los dedos.
Me levanté del sillón con el bulto bien marcado y me dijo:

¿Ya se va a dormir?

Bueno, que remedio, dije yo.

Vaya, qué lástima, me soltó.

Su mirada estaba ya clavada totalmente en mi paquete.

¿Quiere un café de la máquina que tenemos aquí los empleados?

Claro, dije yo.

Pasamos a un pequeño cuarto donde el personal podía descansar de vez en cuando y nos sentamos en un sofá a tomar el café.
Le cogí la mano y se la puse sobre mi polla para que pudiera palparla bien. En ese momento se puso de rodillas y me la sacó del pantalón metiéndosela toda en la boca, chupando fuertemente mientras yo descansaba con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá.

sexo hotelEmpezó a desabrocharse el pantalón hasta bajárselo. Tenía un culo precioso, muy bien formado y con algo de vello que le daba ese toque de masculinidad. Me puse a tocárselo y a rozar su ojete con un dedo muy despacio hasta que sin darme cuenta la mitad del mismo ya se había metido dentro sin dificultad.
Se fue a su taquilla y sacó un condón de ella. Me lo puso con la boca y acto seguido se sentó sobre mi rabo empezando a moverse muy rápido mientras yo notaba como mi polla entraba y salía de aquel culo que no pedía más que caña de la buena.

Su miembro se movía sin parar hacia arriba y hacia abajo y el tacto de su culo sobre mi polla hacía que ésta estuviera tan dura que hasta casi me dolía. De repente se la cogió y empezó a pajearse mientras cabalgaba sobre mí como si el mundo estuviera a punto de terminarse masturbándose sin parar hasta que su corrida salió disparada sobre mi pecho.

Se sacó la polla del culo y volvió a metérsela en la boca hasta que consiguió sacarme hasta la última gota de leche.

Necesito discreción máxima, me dijo. Mi contrato me prohibe tener relaciones con ningún huésped del hotel. Podría meterme en un buen lío.

No te preocupes… mañana me voy.

Se vistió rápidamente y volvió al mostrador porque parecía que había alguien. Me puse la camiseta el pantalón y salí a recepción pasando por delante de él.

Buenas noches caballero, que descanse. Me dijo mientras atendía a una señora.

Volví a la habitación y mi mujer seguía durmiendo.
A la mañana siguiente me dijo ella:

Tengo la sensación como si no hubieras estado en la cama esta noche.

Bajé a fumarme un cigarro cinco minutos después del follón de los chinos y subí enseguida.

Ah vale, casi ni me di cuenta.

Bajamos a desayunar y el recepcionista ya había terminado su turno y había una chica joven en su lugar.
Nunca más volví a verlo….

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