EL PAQUETAZO DE MI COMPAÑERO DE GYM – PARTE II

Ya en los vestuarios empecé a quitarme la ropa sudada para dejarla en la taquilla. Miraba a Fernando que estaba a pocos metros de mi con cierto disimulo mientras charlábamos animadamente de cosas sin importancia.

Mi vista se fue directa a su rabo, que estaba otra vez en estado de flaccidez y mientras me comentaba algo de su trabajo nos fuimos a la ducha. Eran ya las diez de la noche y quedaba media hora para que cerraran el gimnasio. Éramos los únicos que estábamos en el vestuario a excepción de un señor mayor que ya se iba.

Él iba delante de mi y se metió en la última ducha. Yo me puse en la de enfrente y ambos dejamos la puerta abierta para seguir hablando. Mientras él se quitaba el champú del pelo bajo el agua, su polla pasó de estar fláccida a morcillona.

Seguía contándome cosas pero yo sólo oía, no podía escuchar lo que me estaba diciendo. Yo estaba tan caliente que notaba como hasta el ojete me latía rápido deseando recibir dentro de mi culo el pollón de ese chico hetero que tantas veces había soñado.

Tuve que tomar una decisión…. no pensaba cortarme y perder la oportunidad de que todo quedara en nada, así que me di la vuelta, me agaché un poco y empecé a enjabonarme los gemelos con el único propósito de que pudiera mirar mi dilatado ojete sin ningún tipo de restricción.

Para que no quedara ninguna duda de mis intenciones, levanté la pierna derecha ligeramente mientras me masajeaba el ojete con jabón metiendo el dedo un poco hacia adentro.
Al girarme lo vi frente a mi con la erección más grande que jamás hubiera imaginado…. mientras se masturbaba lentamente y mirándome con cara de vicio.

Crucé el escaso metro que separaba mi ducha de la suya y me puse junto a él, cerrando la puerta para que nadie nos molestara.
Mi culo estaba demasiado abierto como para necesitar una dosis de lubricante así que me empotró contra la pared clavándomela sin piedad ninguna.

Al principio noté un leve dolor pero a los pocos segundos la base de su polla ya estaba totalmente dentro de mí mientras el agua resbalaba sobre nuestros cuerpos y mi culo pedía más y más. Después de diez minutos de follada, la sacó y me puso sobre la boca esos huevos que minutos atrás yo había visto asomar a través del pantalón.

Métetelos enteros me dijo.

Como buen esclavo que soy a veces, no dudé en succionar los dos al mismo tiempo para metérmelos casi hasta la garganta y notar esa sensación de falta de aire. Mientras sus huevos entraban y salían de mi boca él se pajeaba muy rápido.

Cuando noté que su respiración se aceleraba empecé a chuparle los huevos más rápidamente y de repente una gran corrida salió de su polla cayendo sobre mi nariz y mi boca. Fue tal el morbo que con apenas tocarme pude correrme yo también sobre la pared que separaba nuestra ducha de la de al lado.

Todo un placer, nunca mejor dicho, dijo Fernando.

El placer ha sido mío, le solté yo.

Nos secamos, nos vestimos y cada uno se fue a su casa a seguir con su vida…..