EL PAQUETAZO DE MI COMPAÑERO DE GYM – PARTE I

Relato gay erótico.

Conocí a Fernando una tarde en el gimnasio al que yo había acudido después de un largo día de trabajo. Necesitaba airearme y poner en forma el cuerpo y olvidarme un poco de las historias del curro. Aunque lo conocía hacía tiempo de verlo por la sala de máquinas del gym no fue hasta ese día en el que entablamos conversación por primera vez.

Siempre que lo había visto me resultaba un hombre muy excitante, pero parecía un poco solitario. Empezamos a charlar y me dijo que estaba casado y tenía un hijo pequeño, como yo. Decía que le gustaría tener un compañero de gym así que me ofreció hacer juntos todas las series en las máquinas de pesas y así ayudarnos mutuamente con los ejercicios. Me pareció una idea estupenda…

Su cuerpo fibrado y sus piernas de futbolista despertaba dentro de mí los más salvajes instintos sexuales. Muchas veces había fantaseado con la idea de tener una historia sexual con él pero era evidente que era hetero. Despúes de hora y media de ejercicio sólo nos quedaba el press de banca y así terminar la tarde e irse a casa. Eran ya casi las nueve y media así que nos pusimos a ello. Era mi turno así que me tumbé sobre el banco y Fernando se puso detrás de mi cabeza para ayudarme con la barra.

De repente miré hacia arriba y pude observar que no llevaba calzoncillos debajo de sus pantalones cortos tipo maratón. Podía ver sus huevos completamente a pocos centímetros de mi boca así como un rabo fláccido pero grueso y muy apetecible.

foto gym La verdad es que apenas me podía concentrar en lo que tenía que hacer. Sólo sabía que yo estaba muy cachondo, que no podía parar de pensar cómo sería una buena sesión de sexo con él y que lo que más deseaba era alargar mi lengua y lamer esos estupendos huevazos para después metérmelos enteros dentro de la boca hasta muy adentro.

Mi turno había acabado y ahora era yo el que estaba detrás de él y aunque yo sí llevaba ropa interior mi erección era demasiado evidente como para esconderla a través del pantalón. Observé como miraba fijamente mi entrepierna y empezó a levantar la barra.

Justo al acabar su serie vi como su dura polla levantaba la tela de su pantalón mientras yo hacía esfuerzos para contenerme y no abalanzarme sobre su paquete delante de todo el mundo.

Ya tocaba la última serie y volví a tumbarme. Esta vez podía ver casi todo su rabo duro por debajo del pantalón y casi al final de la misma solo por un instante, la punta de su pene asomó ligeramente. Estaba húmeda, brillante y su capullo algo retraído.

Hora de irse dijo él.

Cojimos nuestras cosas y nos fuimos juntos camino de la ducha……

Lee aquí la segunda parte del relato.

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