EL MASAJE MÁS MORBOSO DE MI VIDA

Fran de Valencia nos envía este relato gay sobre una situación morbosa que le ocurrió hace unos años en la consulta de su masajista.

 

Esta historia ocurrió hace 9 años cuando yo todavía era universitario. Tenía 22 años y estaba en el último año de carrera. Llevaba muchos meses con bastante estrés y tenía dolores musculares con bastante frecuencia.

Cada dos semanas iba a una clínica de masaje para tratamiento y la verdad es que me iba genial. Ana, mi masajista tenía unas manos de oro y cuando salía de allí me sentía como nuevo.

Además de ella había un chico fisioterapeuta que se llamaba Luís. La última vez que fuí Ana estaba de vacaciones así que fue él el que me atendió. En varias ocasiones habíamos intercambiado miradas pero siempre me había quedado con la duda de si eran miradas porque yo le gustaba o era por simple curiosidad.

Luís era bajito pero de brazos, piernas y pecho bien formado, moreno, con barba, muy masculino y con acento del norte de España. La verdad es que me ponía bastante y a veces deseaba que fuese él el que me tratara siempre, pero Ana lo hacía tan bien que no me atreví a cambiar hasta ese día en que no hubo más remedio.

Necesitas tratarte el cuerpo entero; tienes sobrecarga tanto en la espalda como en las piernas me dijo. Ponte cómodo y vuelvo en 5 minutos.

Como siempre, me puse un pantalón corto de correr para que pudiera darme bien el masaje. Esta vez llevaba puesto uno que no llevaba rejilla interior que lo usaba más para bañarme que para otras cosas. Me tumbé boca abajo y a los dos minutos entró Luis y empezó el masaje.

 

masaje gay

 

Al tocar mi espalda sentía el dolor que había acumulado durante tantos días pero el morbo de ver el pelo de su pecho asomar por el cuello del pijama clínico compensaba cualquier molestia que me pudiera ocasionar al apretar.

Eran ya las ocho de la tarde y entraron tres personas a pedir cita. Tenía que salir él interrumpiendo el masaje, así que cuando volvió a entrar me dijo:

He bajado la persiana porque si no no terminamos hoy ni a las diez.

Una vez había terminado con mi espalda pasó a los gemelos y de ahí a la cara posterior de los muslos. De repente me separó un poco las piernas y me levantó ligeramente la pierna izquierda.

Tienes los aductores muy sobrecargados.

Yo seguía boca abajo y noté como su mano masajeaba la parte más alta de mis muslos internos, mientras rozaba mis huevos ligeramente con el dorso de la mano.

La sensación fue muy placentera. Deseaba que no se moviera de esa zona. Sentía una especie de cosquilleo de placer que me recorría todo el cuerpo como si fuera una pequeña descarga eléctrica, y mi rabo estaba ya lo suficientemente duro y yo demasiado caliente.

Siguió con la otra pierna igual y notaba que mi polla empezaba a lubricar en la punta.
Se puso al lado de mi cabeza y se notaba claramente a través de su pantalón de tela que su polla también estaba dura como una piedra.

Notaba como de vez en cuando se acercaba a mi cara y su rabo duro la rozaba ligeramente pero de una forma muy disimulada. Mi mente sucia quería alargar el brazo y echar mano a su paquete pero me corté porque no quería meter la pata, aunque estaba claro que tanto él como yo sentíamos atracción sexual hacia el otro.

Mi erección era demasiado visible a través de mi fino pantalón como para que no se diera cuenta, pero no me dijo de darme la vuelta y ponerme boca arriba, situación que hubiera dejado lo suficientemente claro el morbazo que sentía hacia él.

Ya hemos terminado. Puedes vestirte, me dijo.

Salió de la habitación y me vestí rápidamente. No tuve más remedio que llegar a casa y hacerme una buena paja imaginándome el final feliz que yo hubiera deseado y que nunca ocurrió y aunque muchas veces me he preguntado si al final fueron imaginaciones mías o no, estoy seguro de que en otras circunstancias hubiéramos terminado teniendo sexo muy cañero.

Tiempo después me enteré que la clínica había cerrado en el 2009, imagino que a causa de la crisis, así que nunca más supe de él, pero las pajas posteriores continuaron, y fueron muchas.

Lo que tuve muy claro a partir de entonces es que buscaría masajistas hombres, a ser posible guapos, con la esperanza de repetir la experiencia.

 

¿Y tú, tienes alguna experiencia morbosa que te haya ocurrido? Si es así, envíanosla mediante el formulario de contacto.

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