EL CICLISTA GAY

Relato homoerótico sobre el ciclista gay.

Uno de mis fetiches preferidos siempre ha sido el rollo sport.

Me vuelvo loco con las mallas ajustadas, los pantalones de running y los speedos, pero lo que de verdad me pone muy cerdo son los paquetes de deportistas, especialmente de futbolistas y ciclistas.

Ver a todos esos tíos marcando paquete, con sus bultos insinuándose a través de la ropa de deporte, a veces casi empalmados, hace que mi culo empiece a pedir guerra como si de un acto reflejo se tratase.

Yo también practico deporte, concretamente ciclismo.

Me encanta coger la bici y salir por la montaña, con la esperanza de encontrarme a algún machorro con ganas de sexo en algún lugar recóndito que se digne a explorar mi culo con su polla, pero como mucho mi única aventura ha sido machacarme a pajas en el bosque.

Hace dos semanas salí a mediodía con la bicicleta a una zona de montaña que hay a pocos kilómetros de mi casa.

Aunque vengo mucho por aquí ese día decidí meterme por un estrecho camino lleno de árboles y así trabajar más las piernas.

Hacía mucho sol así que despúes de casi una hora de ejercicio decidí parar un rato a beber agua y descansar.

A unos 50 metros delante de mí había otro ciclista sentado en un lado del camino descansando también. Iba bien equipado con su culotte apretado, malla de ciclismo ajustada y casco.

Tenía entre 40 y 45 años y unas piernas bien marcadas que no pasaban desapercibidas.

Ese mañana me había levantado con ganas de sexo y a pesar de que me había masturbado mi líbido seguía tan alta como el sol en el cielo ese día.

Me puse de pie de espaldas a él, me bajé las mallas y simulé una meada con el objetivo de ponerlo cachondo.

Siempre que salgo con la bici me pongo debajo de ellas un suspensorio por si me encuentro con algun hombre que quiera follarme.

Todo mi culo depilado estaba delante de él, con los suspensorios a la vista para no dejar lugar a dudas de mis intenciones.

Mientras hacía que meaba giré mi cabeza para mirarlo y vi como con una mano se restregaba el paquete. Su polla sobresalía por debajo de su malla y mi culo estaba ya en una situación de emergencia.

Sin más pérdida de tiempo me di la vuelta y caminé hacia él, arrodillándome en el suelo a unos 10 metros delante de él, con la boca abierta y aún con el culotte bajado.

cruising en el bosque Se acercó a mí y sin mediar palabra me restregó el bulto por toda la boca.

Empecé a lamer la lycra de su pantalón y a recorrer con mi lengua su rabo desde la base hasta la punta, de derecha a izquierda.

De repente se la sacó y empezó a abofetearme la cara a pollazos.

Se notaba que le gustaba dominar y él no sabía que se había topado con uno de los esclavos más sumisos del mundo.

Yo estaba con la barbilla levantada saboreando una de las pollas más gruesas y venosas que había visto jamás.

Su capullo era tan gordo que tenía que hacer un gran esfuerzo para forzar la mandíbula, pero no me importaba en absoluto.

Al instante me metió la punta en la boca, puso la mano sobre mi cuello y violentamente empujó mi cabeza contra su rabo quedando este completamente dentro de mí, hasta la garganta.

Sentía que no podía casi respirar, casi estaba mareado por el calor y la falta de respiración pero sentir toda la boca llena de carne compensaba cualquier molestia.

Me hizo levantarme y me empujó contra el arbol que había detrás de nosotros.

Me agarré al tronco y levanté una de las piernas para que mi culo quedara a su completa disposición. Se agachó y me escupió un par de veces sobre mi ojete para lubricarlo y empezó a meterla con cuidado.

Dentro de mi culo han entrado muchas pollas, algunas de ellas bastante gordas, pero ésta no era apta para principiantes.

A pesar de estar bastante dilatado sentía un poco de dolor, pero no quería terminar la mañana con una follada frustrada así que tuve que echar mano de una técnica infalible que uso en este tipo de casos: sacarla y golpear mi ojete con ella.

El morbazo de sentir esos golpes retumbando sobre mi culo es lo único que me ayuda a dilatar de verdad.
Despues de un par de minutos cogí su polla y empecé a metérmela dentro, casi de golpe.

Ahora sí, podía sentir como el ciclista gay con pinta de macho cabrón me follaba a lo bestia empujándome contra el tronco mientras yo gritaba que me diera más fuerte aún.

Hubo un momento en que pensé que iba a perder la consciencia. Estaba empapado en sudor pero él seguía bombeando igual de fuerte.

De repente la sacó y noté como un gran chorro de lefa caliente caía sobre mi lumbago y bajaba hacia mi raja.

Él se subió las mallas y sin mediar palabra cogió la bici y rápidamente se puso a pedalear.

Me quedé solo… pero agusto a la vez que extasiado.

Lo que más morbo me da cada vez que pienso en esta historia no es el polvo en sí, sino lo que hice después… llevaba mucho tiempo queriéndolo hacer…

Restregar bien la corrida por mi culo, subirme el pantalón y volver a casa sentado en la bicicleta notando la humedad de su lefa sobre mi ojete.