LOS CALZONCILLOS USADOS DE MI ENTRENADOR PERSONAL

Relato gay de un fetichista de calzoncillos usados.

Si hay un fetiche en el mundo que me pone mazo cerdo es pillar los gayumbos currados de un buen macho hetero, esnifar todo su olor y darme un buen pajote.

Sé que si te metes en internet puedes comprar online, vender o intercambiar calzoncillos sucios con otros hombres, pero si hay algo que me pone casi tanto como olerlos es robarlos.

Cómo Consigo los Gayumbos más Sucios y Currados para mi Colección Privada

Llevo casi dos años yendo a un gym bastante grande aquí en Valencia y en el vestuario cuando un tío se desnuda, deja su ropa de deporte en el banco y se va a la ducha, aprovecho para robárselos.

Tengo coleccionados casi 50 de ellos y los guardo en casa como si de un tesoro se tratara.

Aunque me gustaría pillarlos bien lefados y corridos la mayoría de los que tengo sólo están sudados aunque para mí es suficiente. Los tengo de todas clases, tipo slip, boxer, nuevos, viejos, baratos, de marca y hasta de mercadillo.

Cuando vuelven de ducharse observo impasible la cara de póker que se les queda al ver que su calzoncillo ha desparecido; empiezan a buscar y rebuscar en la bolsa de deporte y en la taquilla creyéndose que lo han metido en algun lugar y no se acuerdan dónde.

Para ser sincero no siento ninguna pena. Mis aficiones fetichistas y mis ansias de olor a macho son mucho más potentes que cualquier remordimiento que pudiera tener.

Hace 3 meses pusieron un cartel dentro de los vestuarios advirtiendo que vigilásemos nuestras pertenencias.

Yo haciéndome el loco pregunté en recepción qué pasaba y me confirmaron que había alguien que se dedicaba a robar ropa de los clientes.

Pues bien, de todos los que ya he coleccionado sólo me faltaban los calzoncillos usados que más quería tener y más difícil eran de conseguir: los de Jose, mi entrenador personal.

Jose es el típico machote hetero de barrio, de aspecto muy masculino, con cuerpazo, barba y pelo negro. Lo tengo bien vigilado cada vez que voy y he fantaseado mil veces que yo y él tenemos sexo salvaje.

Él siempre se ducha en unos vestuarios que hay sólo para el personal del gym pero hace tres semanas lo vi en la cinta de correr durante más de una hora y por alguna razón que desconozco ese día entró en el vestuario público y se puso en mi pasillo.

Buenas Rubén ¿qué tal vas?, me dijo

Genial, ya para casa hoy que ya está bien.

Me alegro. Yo igual, que está la novia en casa esperando para cenar. Nos vemos.

Yo ya estaba preparado para largarme cuando dejó su mochila abierta en el banco con toda la ropa de entrenar encima y se fue para las duchas.

No me lo podía creer; los calzoncillos del tío este que tanto morbo me daba los tenía a tiro de piedra.

Eran unos slip de color blanco y me imaginaba cómo de sucios y sudados estarían después de haberlos utilizado corriendo durante tanto tiempo.

En menos de dos segundos los pillé, los metí en el bolsillo de la cazadora y me largué enseguida para no levantar sospechas.

Ya dentro del coche me sentía muy nervioso. Quedaban 4 km para llegar a mi casa y estaba tan desesperado por masturbarme con ellos que de camino hasta me salté tres semáforos en rojo.

El Pajote Final con su Ropa Interior Sudada

calzoncillos usados

Llegué a casa y me fui directo a la habitación, me desnudé, puse los calzoncillos sobre la cama y a cuatro patas me puse a olerlos aspirando por la nariz ese olor que tantas ganas tenía de tener.

Estaban húmedos, con olor a sudor y algo a pis pero lo que más me molaba es que había una ligera mancha del ojete. Ahí es donde más se concentran las feromonas y donde más disfruto oliendo.

A la primera esnifada mi polla estaba ya tan dura como una roca. Imagínate lo duro que estaba mi rabo que hasta me dolía.

Me tumbé boca arriba y me puse los gayumbos en la cara como si fueran una máscara para impregnarme bien de su olor a culo y empecé a pajearme a lo bestia imaginando que él estaba sentado sobre mi rabo mientras yo respiraba cada vez más fuerte.

Aunque yo soy activo estaba tan excitado oliéndolos que estoy convencido de que si en ese momento tuviera que hacer de pasivo podría haberlo hecho perfectamente sin ningún tipo de dolor.

Dejé de tocarme porque aún no quería correrme y volví a poner los gayumbos sobre la cama para hacer lo que más morbazo me da hacer: lamer las zonas críticas donde más concentración de olor a macho pueda haber y notar luego sobre mi lengua durante varias horas ese sabor a tío que no desaparece aunque bebas agua.

Uff, notaba que mi rabo estaba a punto de explotar así que volví a ponerme sus calzoncillos usados sobre mi nariz y mientras me pajeaba muy fuerte un gran lefazo salió disparado hacia arriba cayendo sobre mi barriga.

Justo al terminar pensé:

¿Qué habrá pensado Jose al ver su mochila y ver que su gayumbo ya no estaba alli?

Al fin y al cabo a quién le importa… yo sólo pienso en mí mismo.

Los metí en una bolsa de plástico hermética para conservar su fragancia y seguí disfrutando de su sabor en mi boca durante el resto de la noche.

2 Comentarios
  1. Activazo
  2. Jon Vazlo

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